En el domingo gordo, la fiesta comenzaba nada más finalizar la comida, era una celebración callejera por las calles de la localidad, según avanzaba la tarde, los vecinos se iban concentrando en la plaza del pueblo, situada detrás de la iglesia, donde estaban los bares y donde tenía lugar la fiesta grande y el baile con la pandereta, notables pandereteras de la localidad fueron Victorina, Micaela, Belarmina, Encarnación o la “Ti Benina”, en muchas ocasiones las pandereteras estaban acompañadas por los tamboriteros: Tito a la Dulzaina y Cesareo “el cacharrero” al tamboril.

El personaje más importante del Antruejo era el GUIRRIO, habitualmente eran 8 Ó 10 mozos los que salían de guirrios, estos dejaban de salir cuando se casaban.

Los mozos iban ataviados con camisa y calzoncillo blancos de lino, calzaban abarcas de pellejo y calcetines de lana, una faja o pañuelo enrollado a la cintura, y sobre este, un gran cinturón de pellejo con varios cencerros o esquilas de bronce. Cruzando el hombro izquierdo un pañuelo merino. En las manos portaban unas tenazas extensibles de madera y una vejiga de cerdo o un rabo de zorro. Cubrían la cabeza con una máscara cónica hecha de cortón, con cuatro abanicos: uno superior, dos laterales y uno trasero, estaban rematados con escarapelas cortas y entre ellos lengüetas blancas; en la parte frontal de la máscara se practicaba un orificio de tamaño de la cara, en la que se cosía una alambrera menuda pegada a una tela blanca semitransparente para ocultar el rostro; finalmente la máscara iba recubierta de escarapelas realizadas con papel de seda de colores. Entre los guirrios más asiduos cabe mencionar a Glorialdo Porro, Cholo, Pepe el negro, Urbano, Miguel Fernández, Fernando, los hermanos Félix y Agustín Vaquero, Lorenzo Velasco, Narciso, Eligio, los de Frasio, los de Belarmina…

No eran muchas las personas del pueblo que tenían la habilidad necesaria para confeccionar dichas máscaras, entre los más antiguos estaba Genuario (abuelo de Magdalena), más tarde Germán Gómez y su primo Ángel Gómez y por último Miguel Fernández allá por los años 60.

Otra figura importante dentro del carnaval era “Las Madamitas”, mujeres solteras que se vestían con el rico y vistoso traje regional riberano y que acompañaban con su baile a los guirrios en la plaza del pueblo. Cabe mencionar como madamitas a Rufi, Micaela, Pura, Teodora…

Durante los días de la celebración los Guirrios iban por las casas pidiendo huevos y tocino y con lo que sacaban se juntaban en “Casa de Cabraca” a comerlo.
La Casa de Cabraca era una casa deshabitada, y según cuentan los más ancianos, antiguamente vivía una familia junto al espíritu de una cabra, la cabra por la noche recorría la casa, y fue por ese motivo por lo que los antiguos dueños abandonaron la casa y se fueron a vivir a otro pueblo. Pero los guirrios y demás mozos del pueblo no creían en agüeros y se reunían en la casa para comer en carnaval, lo que los vecinos les daban o lo que sisaban en sus casas.

Durante la fiesta, los guirrios se empleaban en correr y fustigar a las mozas y a los vecinos con la vejiga y el rabo del raposo, utilizaban sus tenazas para levantar las faldas a las mujeres y quitar la boina a los hombres, que si querían recuperarla debían ir al bar de Cristóbal Velasco y pagar una jarra de vino con gaseosa para los guirrios, aunque era habitual que fuera la junta vecinal la que los invitara a beber.

En la mañana del martes de carnaval los vecinos acudían a “hacendera”, al toque de las campanas de la iglesia, para hacer los regueros de las calles Corte y Barrioscuro, limpiar la presa y las fuentes de Rabosa. Había veces que los hombres de la hacendera entraban a las casas y metían en el pote que estaba cociendo encima de la chapa una piedra, para hacer una broma. A la tarde la junta vecinal ofrecía el trago (escabeche y vino) a los hombres del pueblo para beberlo en el salón y a las mujeres que habían quedado viudas se les llevaba a casa en una jarra. Siempre había algún vecino que llevaba chorizo, jamón, cecina para completar la merienda.

Hoy en día la hacendera ya no se hace, pero se sigue con la tradición de dar el trago a todos los vecinos en “la Casa Concejo”.