Los campanones eran encarnados por todos los mozos del pueblo que se revestían hasta donde llegaban las ropas y los elementos disponibles para no ser reconocidos por el resto de los vecinos. Pieles de animales y prendas grandes, usadas y antiguas constituían la principal fuente para revestirse. Lo normal es que se pintaran la cara o se enmascararan detrás de unas caretas o máscaras fabricadas por ellos mismos. No había dinero para adquirirlas. La diversión pasaba, muchas veces, por la persecución de los disfrazados, con palos y vejigas a los niños y a las mozas, que tendían a esconderse en sus casas por temor, aunque en ocasiones eran sacadas por los campanones para correr detrás de ellas.

La mayoría de los mozos se vestían de campanones y de lobo, cuya función era perseguir y asustar a los rapaces, aunque también gastaban bromas a las mozas y, en contadas ocasiones, a los vecinos del pueblo. Menos carreras se daban los que se revestían del característico campanón de caperuzo, que llevan una careta realizada con la corteza del abedul, que en Quintanilla de Yuso se denominada ‘cartaloxo’. Tampoco corrían el viejo, la vieja, el señorito y la señorita, pero se disfrazaban de modo que no se les reconociera a ninguno. Incluso los más hábiles, además de revestirse, utilizaban largos zancos para asustar a los rapaces o para dar mayor vistosidad al acto. Los campanones se cubrían los cuerpos con pieles de ovejas o de perros, capotes etc. y para cubrir la cara y la cabeza se fabricaban caretas o caperuzas con agujeros para los ojos, con apariencia de lobos, zorros, osos y otros animales; o de cualquier cosa que pudiera asustar (monstruos). Los rostros que quedaban vistos habitualmente se teñían de negro, aunque se tapaban parcialmente con tiras de papel, tela o de piel que colgaban de la cabeza. El nombre de campanones tiene su razón en las campanas, (cencerros, esquilas y tupios), que estos personajes portaban colgados para mayor estruendo y agitación de los chiquillos.

En este peculiar pasacalles los vecinos del pueblo les daban huevos, chorizos y otros alimentos, incluso dinero, con lo que los mozos celebraban una cena y un baile al son de la gaita. El baile se hace al oscurecer, antes de la cena que la preparaba un vecino del pueblo. Con el dinero del aguinaldo se compraba el vino para la cena y el aceite para hacer las tortillas. Los campanones iban acompañados por los gaiteros del pueblo.

En Quintanilla de Yuso, los campanones toman las calles del pueblo el Domingo de Resurrección, en Semana Santa, mientras que en Cunas lo hacían en el día del entroido o día de carnaval. La causa de que dos pueblos tan cercanos celebraran la misma fiesta en días diferentes, es simplemente esa, la cercanía. Las fiestas de carácter religioso se solían separar para que no coincidieran el mismo día en los dos pueblos. Además de los carnavales, la fiesta cristiana del Corpus Christi, se celebraba el jueves en Cunas, y el domingo siguiente en Quintanilla de Yuso. La fecha original de la mascarada podría ser, por tanto, en carnaval.

De esta forma, y como en Quintanilla de Yuso el acto de los campanones se celebra el Domingo de Resurrección, el carnaval se festejaba de otra forma. Ya fuera durante el desarrollo de las labores diarias, o en los ratos de asueto, se solía coger una buena bola de grasa negra, que se formaba en los ejes de las carretas, y se metía en un trapo. Y cuando alguien se descuidaba se sacaba el trapo de tela y se le ensuciaba la cara, o como aquí se denomina se les entiñaba o entroidaba, ya que el carnaval también era conocido como el día del entroido. Y de esta forma, "entroidándose" unos a otros, entiñando y escapando para no ser entiñado y entre carrera y carrera, pasaban el día del carnaval o del entroido.