De entre los antruejos más populares destacan:

Los guirrios” mozos vestidos de blanco con la cara cubierta de una máscara de colores, que portan en sus manos tenazas, vejigas y rabos de zorro.

La Ulogia” muñeca de trapo a tamaño real, sujeta a un hombre con unas gomas, para que pueda bailar con ella.

La siembra de la cernada” consistente en uñir una pareja de vacas o burros al arado romano y sembrar las calles del pueblo de cernada.

La Arrima” este antruejo consistía en ponerse a las espaldas un pellejo de oveja enfoscada en los desagües de las fregaderas y la persona que lo portaba iba frotándose a la gente para ensuciarles, en ocasiones este personaje se valía de mozos del pueblo que se valían del cayado y del furganero de amasar para coger a las personas y a acercarlas a la Arrima.

La gomia” o “calavera” era un antruejo realizado con la calavera de un caballo o vaca, que llevaba un porteador en una estructura de madera, sobre los hombros y estaba provisto de un mecanismo que le permitía ir abriendo y cerrando la mandíbula.

Las Gitanas” un par de mujeres (Joaquina y Marucha) se vestían de gitanas con trajes que ellas mismas confeccionaban hechos de papel y que con su gracia, con su cesto de mimbre y sus ramitas de romero echaban la buenaventura a todo el que se encontraban por el camino.

El Toro” era un armazón de madera cubierto de sabanas blancas y una pelleja de oveja con dos grandes cuernos que servían para envestir a la gente.

El hombre del saco” algún vecino del pueblo se disfrazaba de pobre con el fin de asustar a los niños y amenazaba con meterlos en el saco que portaba y llevárselos bien lejos.

Los Cabrones” se vestían con las pieles y la calavera de este animal o con unas caretas hechas de madera. No hay que olvidar el dicho, por todos sabido… “¡¡¡¡¡¡ CABRA EN CIMANES!!!!!!”

El carro de las bodas de antruejo” se preparaba un carro tirado por una yunta de vacas y una riata de burros con cadenas por delante, para montar a los novios que se casaban en tiempo de carnaval. Si alguna pareja se negaba a subir al carro, la noche de bodas sufría las más insospechadas represalias por parte de los mozos.

El toreo del perro caballero” muy popular fue el toreo, que los “mielgos” de la señora Belarmina (Carlos y Cristóbal), hacían a su perro Caballero. Bajaban con su bici y su capote desde Rabosa y en mitad de la plaza lo toreaban al ritmo de los “OLES” de los vecinos.